El mundo al revés… y ¿la bandera?

En política los eventos tienen más de un sentido y no hay coincidencias. En México, el hecho de que el candidato presidencial del PRI acertara a visualizar con su frase “el mundo al revés” qu hay una contradicción cuando López Obrador cuestiona la validez de las elecciones en que participará – y muy probablemente ganaría si hacemos caso a las encuestas – es digno de reflexión; no porque la crítica sea clara o contundente, sino porque llama la atención que venga de un candidato presidencial del partido en el poder, controversial y al momento con muy poca popularidad y una campaña de bajo perfil.

Es necesario recordar que en la sociedad nada se mueve en el vacío, el sueño de libertad absoluta tiene sus límites al reconocer que frente a uno, a lado de uno, por la espalda o en cualquier ángulo hay siempre un “Otro”. Y ante la presencia de alguien – Otro – los límites no son solo corporales, además resultan necesarios para evitar conflictos, por ello las normas de conducta son difíciles de evadir y la sociedad promueve el señalamiento, la distancia o el castigo a quién las viola, dependiendo del grado de la falta.

Si el candidato presidencial por MORENA tuviera esto presente no haría juicios que invalidan un proceso electoral en el que él mismo participa y al momento aparece como eventual delantero, es tanto como que, siendo invitado en una fiesta me atreviera a declarar que el pastel que estas horneando no me genera confianza y por eso preparo el medicamento. Algún sabio cercano podría aconsejarme, por lo menos, no comerlo entonces.

Es decir, no podemos invalidar de manera adelantada un proceso en el que vamos a participar, en todo caso se plantean reservas, se da cuenta de los riesgos y se proponen alternativas para fortalecer la certeza. De otro modo las cosas se pueden revertir, pensemos en que el candidato de MORENA gane por un margen estrecho y la elección sea impugnada por el segundo lugar, ¿qué tendría que hacer si de entrada ya anunció que no confía en los resultados?

Pero esto es un indicio de un problema más grave que sufre el país, no tener políticos con visión de Estado. Sigamos con el mundo de revés, ¿quién nos alerta de ello? Este candidato es controversial, en la mayor parte, por las decisiones y procesos políticos en los que ha participado; debería tener la fortaleza necesaria para distanciarse de las acusaciones de corrupción y abuso de poder del partido que lo postula, además de un discurso claro en relación a los problemas del país y como atenderlos. Pasando por el empobrecimiento de la gente y el aumento de las brechas de desigualdad.

Hacer esto implica distanciarse del discurso del ejecutivo federal. Al que le ocurrió – teniendo todos los recursos disponibles – que por un error la bandera se iza al revés en el día de su conmemoración. Podríamos pensar de manera caritativa que su respuesta fue relajada y comprensiva, pero llama la atención esta laxitud en un hecho que además no representaba costoso prevenir. Hay tantas cosas en el país que se pueden tratar o se han tratado con la misma laxitud y que no costaría un solo peso adicional resolver, o en el peor de los casos sería más barato resolver que permitirlos, la corrupción en la burocracia por ejemplo. No debería costar nada si alguien lograse que las cosas funcionen como está dicho que funcionen, al menos una parte importante de lo que cuesta la corrupción en el país – cerca de 10% del PIB anual – se podría ahorrar así.

La duda – por decirlo suave – sobre la visión de Estado de nuestra clase política no es por el descuido en las formas, es por lo que denota. Falta decir claro que lo que se hace bien una vez es mucho más barato que lo que se hace mal dos veces, porque cuidar cada detalle teniendo los recursos para ello da muestra de lo satisfactorio que puede resultar cada proceso, del compromiso que tiene quien lo realiza y que además abona al mayor grado de satisfacción. Falta decir que alguien debe tener claro lo que se necesita hacer para dar legitimidad a la democracia en este país, mejor que sean aquellos que por medio de ella pretenden representar a los ciudadanos.

En el fondo, un indicio similar se muestra en las declaraciones de AMLO y lo que le sucedió al ejecutivo, no se pone énfasis en el proceso, sino en el resultado. Esto en ingeniería y pedagogía ha sido desestimado porque bloquea la posibilidad de hacer los ajustes necesarios para tener resultados satisfactorios.

Como candidato es válido desconfiar, pero es mucho más legitimo asegurarse cada día de fortalecer la institución que encabeza un proceso del que se quiere ser ganador. Esto implica que siendo ejecutivo se pueda buscar fortalecer las instituciones cada día, en los más mínimos detalles, sin desestimar su impacto e importancia.

Los ciudadanos debemos recordar que dar creidibilidad al proceso electoral conviene a todos y abonará a la legitimidad de quién resulte electo. Ante la evidente crisis social que tenemos no podemos permitirnos más errores y críticas, las instituciones tienen que actuar con responsabilidad, los ciudadanos debemos ser más que críticos y los dirigentes políticos deben estar a la altura. Al final de cuentas, estar al frente de un país es más que encabezar eventos y ofrecer discursos emotivos.

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