Consolidar la democracia

Quienes han pasado por la escuela – sobre todo en ciencias sociales – habrán escuchado alguna vez la idea de que la teoría y la práctica no siempre son compatibles, “suena bien en la teoría ¿pero en la práctica?” Nos dicen activistas sociales, campesinos, estudiantes o directivos de instituciones públicas o privadas. ¿Será que en la teoría la falta de higiene puede enfermar pero en la práctica no?, ¿será que en la teoría si me tiro del noveno piso puedo morir pero en la práctica no?, o en términos políticos ¿es posible que en la teoría la democracia se sostenga por procedimientos, derechos, valores, pero en la práctica no?

Viviendo en una urbe podremos contar casos de personas que comen alimentos con niveles cuestionables de higiene y no manifiestan síntomas de enfermedad, en esta situación se podrá afirmar que los cuerpos generan resistencias, que sus defensas son altas, etc., sin embargo es probable que un profesionista nos pueda explicar si hay bacterias nocivas en los alimentos o el ambiente, las enfermedades que se pueden prevenir con ciertas medidas de higiene, los síntomas y las condiciones en que los microorganismos pueden actuar dentro de nuestro cuerpo. Posiblemente alguien también nos pueda explicar por qué la adopción de medidas de higiene – sobre todo en los hospitales – en los últimos siglos han permitido aumentar la calidad de vida de las personas en las sociedades occidentales.

Pocas reservas se podrán presentar a la conclusión de que al tirarme de un noveno piso puedo morir. En estos dos casos la teoría y la práctica parecen no tener divorcio. Sin embargo, en el caso del sostenimiento de una sociedad democrática parece quedar duda. ¿Por qué un conjunto amplio de ciudadanos vota por un gobierno a todas luces autoritario como en el caso de Brasil?, ¿por qué podemos considerar que someter a votación un tema en un mitin puede formar parte de un procedimiento democrático que sostiene una política pública como en el caso de México?

En el primer caso – partiendo del supuesto de que no hubo fraude en las elecciones de ese país – se podría decir que las emociones juegan un papel importante, que hay condiciones de cansancio, los errores de los gobiernos de izquierda, las acusaciones de corrupción, etc. A pesar de ello, no había que ser versado en política brasileña para notar una tendencia autoritaria del entonces candidato Bolsonaro, bastaba con revisar la información sobre su biografía disponible en los medios locales e internacionales. ¿Sabrían los ciudadanos de ese país que los derechos de pueblos y comunidades indígenas estaban en riesgo, igual que de mujeres y otros sectores sociales?, más allá, ¿por qué a pesar de que los derechos de otros están en cuestionamiento construyes o permites que se construya una mayoría con la corriente que los afecta?

Las sociedades democráticas requieren de dinamismo, cuestionamiento a las autoridades y al orden existente, en ausencia de crítica las sombras cubren cada vez mayores extensiones, se ve menos el color de la realidad. Los gobernantes deberían tenerlo claro, los ciudadanos promoverlo. Pero no basta con tener posiciones políticas definidas, los integrantes de las sociedades democráticas cuentan con una serie de derechos que les permiten coexistir, estos entran en conflicto constantemente, el derecho a profesar un credo religioso y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo por ejemplo, pero hay al menos dos formas de dirimir estos conflictos.

En el terreno de lo político, tomar ciertas posiciones permitiría a uno y otro grupo dirigir las políticas públicas con cierta tendencia, ¿podría un grupo hacer lo necesario para eliminar la forma de ver las cosas distinta a la suya? En términos estrictos sí, la pregunta sería por el costo social de esta decisión, ¿por qué negar a alguien el derecho a pertenecer a una religión?, ¿por qué negar el derecho a tomar las decisiones que alguien quiera pensando en su bienestar? La segunda vía es la jurídica, en las sociedades hay derechos y no se pueden eliminar o cuestionar por fines políticos, como tampoco se podría eliminar la participación política por vía del derecho, en ambos casos estaríamos en una sociedad no democrática.

Para tener una sociedad democrática duradera habría que establecer valores claros, que compartan todos los ciudadanos, grupos políticos e ideológicos, la dignidad humana, la paz, solidaridad y justica por ejemplo. Pero estos valores y estos derechos poco podrían resolver si no se tienen procedimientos acordados.

Así que la democracia también se instituye, quienes quieran encabezar y participar en este proceso debe tenerlo en cuenta, más allá de la visión viva y pragmática de la política, del calor del debate, el proyecto de grupo y la presión de estos o aquellos sectores. Es necesario pensar las formas de participación que permitan tomar decisiones de política pública, continuar con el pragmatismo al calor del mitin podría equivaler a comer de un plato sin preocuparse por las condiciones en que éste se preparó, el estado del propio organismo y las condiciones de contexto. Tentar a la suerte está de más en una sociedad que ha mermado sus expectativas sobre la democracia en las últimas décadas, la democracia en México ha recibido un nuevo impulso el año pasado y debe fortalecerse.

Afirmar que en la teoría la democracia se construye de un modo pero en la práctica es distinto puede tener un grado de validez, ¿pero no será más bien que se ha pensado construir sociedades democráticas sin una base sólida?, ¿no podría ser que atender el dinamismo de la política ha llevado a dejar de lado su institucionalización? Sin duda, armonizar la dinámica social y el ritmo institucional  es tarea del gobierno, en México también hay personas que podrían disponerse a asumir un gobierno autoritario por contraponerse a la actual visión política. Respetar los derechos y procedimientos es importante, pero no basta con ello.

Si hay ciudadanos – en el gobierno, en todos los partidos políticos y agrupaciones sociales – dispuestos a pasar por encima de los derechos de otros sin la menor empatía es que los esfuerzos educativos de las últimas décadas han sido insuficientes, por decirlo suave. Esta situación no debe pasarse de largo, puede ser más alarmante de lo que parece. En el estudio sobre educación cívica y ciudadanía 2016 de la IEA realizado en cinco países de Latinoamérica, entre los que se encontraba Chile, Colombia, República Dominicana, México y Perú con estudiantes de secundaria, el 67% de los estudiantes encuestados en México estuvo de acuerdo en que las dictaduras están justificadas cuando traen orden y seguridad, y 66% cuando traen beneficios económicos.

De tal manera que las estrategias formativas para consolidar una sociedad democrática deben darse en todos los niveles de todas las instituciones, no solo con tareas esencialmente pedagógicas (como cursos y talleres), también con el apego a normas, procedimientos y valores.

Isidro Alterrealista

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