Juguemos a problemas y raíces

¿Sabemos resolver los problemas? Aparentemente una parte de la educación que recibimos permitiría evitarlos y otra resolverlos. Los condicionamientos de la conducta que recibimos – no robar, no matar, la cordialidad y arquitectura, por ejemplo – evitarían cierto tipo de problemas. Mientras que otros conocimientos, como una parte de la medicina, ingenierías o de la justicia permitirían resolverlos.

En principio es por ello por lo que la educación es tan importante en la vida humana. Sin embargo, a pesar de la memoria y las formas culturales para transmitir experiencias, simbolizar, imaginar y extrapolar, los grupos sociales y los individuos tienden a repetir problemas y en muchas ocasiones a profundizarlos. Este parece ser el caso del cambio climático y la satisfacción de necesidades.

Es bien conocida la idea de que al inicio de la modernidad los avances de la ciencia y tecnología permitían especular que llegaría un día en que las necesidades humanas más elementales estarían satisfechas, los seres humanos no estarían “condenados” a los trabajos más pesados, habría alimento y vivienda para todos. Sin embargo, hoy vemos que la utopía del desarrollo cada vez es más lejana. A pesar de que existe ahora – a diferencia del siglo XVI – un sistema internacional de derechos humanos y cientos o miles de acciones que buscan erradicar la pobreza, el ejercicio de los derechos es cada vez más un privilegio, las personas en situación de pobreza en el mundo cada vez son más y la desigualdad mayor.

El cambio climático parece estar en una situación similar, el avance de las ciencias biológicas con el conocimiento cada vez mayor de los factores que intervienen en la relación de las diferentes especies se ha acompañado de un impulso persistente por manipular y “aprovechar” los recursos. Peor aún, a pesar de la advertencia de que es imposible para la sociedad crecer al infinito en un mundo de recursos finitos dada hace casi cinco décadas lo único que hemos hecho es aumentar los problemas.

Al respecto llama la atención un estudio publicado en 2017 por Seth Wynes y Kimberly A Nicholas que fue muy difundido porque deja ver el impacto de varias acciones personales para contribuir a mitigar la huella ecológica. Según el estudio, la opción con mayor impacto es no tener un hijo, pues podría contribuir en un ahorro aproximado de 58.6 toneladas de CO2 mientras no usar auto ahorraría 2.4 toneladas.

Pero ¿entonces el cambio climático es causado en mayor medida por la sobrepoblación humana? El estudio no afirma esto, sin embargo una vez publicado la idea de que reducir la tasa de natalidad permitiría mitigar los problemas ambientales es una tentación. ¿Bastaría entonces con controlar el crecimiento de la población? El consumo desmedido, la producción masiva de productos, los empaques innecesarios que han formado un continente de basura podrían opacarse ante esta conclusión. Es decir que podríamos obviar que vivimos en una sociedad depredadora, que acaba con la naturaleza sin importar nada, ni siquiera las consecuencias humanas de este comportamiento.

Sin embargo el estudio devuelve una respuesta inmediata a quienes criticamos la producción industrial capitalista y sus consecuencias atroces para los humanos y el ambiente en nuestra casa, con un ventilador cerca, soñando con un auto y un viaje a otro continente, independientemente de si las condiciones materiales nos lo podrían permitir. Nosotros, este tipo de personas preocupadas, solemos acusar a los poderosos de que no hacen lo que debieran, no toman las medidas necesarias para resolver el problema, como prohibir las bolsas de plástico, vigilar a las empresas o producir energías renovables; podríamos celebrar la masificación de popotes biodegradables en vez de cuestionar su necesidad, etc. Pero ¿con ello atendemos la raíz del problema?

Tal vez no, posiblemente es que no la tengamos clara. No podríamos afirmar que la causa más profunda sea la falta de sensibilidad de una élite, posiblemente tampoco sea la producción capitalista aunque sea en los últimos 200 años el periodo en que más se ha contaminado.

El confort y la necesidad de poseer no son necesariamente capitalistas, aunque si su uso como factores para comercializar. Hay que revisar el proceso de civilización para ver cómo la sociedad cortesana – con la ventaja de la bonanza material producto de la colonia – asumió prácticas, como el uso de cubiertos o ciertos modales, que fueron replicadas en estratos más bajos. El prestigio de quienes adoptaron estas prácticas fue un factor relevante para dar forma a la sociedad que conocemos, igual que la necesidad de imitación. Es decir que la conjunción de muchas voluntades por parecer o ser algo que no eran fue una condición necesaria para la modernidad.

La idea de tener menos hijos como una forma de mitigar el cambio climático nos devuelve la noción de que esta sociedad está formada por personas que pueden decidir y conducir las cosas en cierto sentido. Pero no basta con las decisiones individuales y el trillado “cada quien desde su trinchera”, las transformaciones sociales de los siglos XVI al XIX se han provocado por muchas cosas, la conjunción de decisiones individuales tal vez fue un factor más relevante que las decisiones de las élites por hacer un mundo mejor.

Así que para habitar de un modo armónico con el ambiente no bastaría con exigir a los gobiernos o tomar las propias decisiones, habría que asumir que estas opciones no son excluyentes, pero tampoco las únicas. Incluso habría que pensar si atienden el problema de raíz.

Lo mismo sucede con la distribución equitativa de satisfactores, es verdad que la desigualdad se ha hecho cada vez más grande, pero las raíces de la ambición y el despojo no están en el capitalismo, por más que este las haya exacerbado. Tampoco se puede ocultar que el problema no es la mayor o menor producción, hay una lógica, una organización y hasta justificaciones morales para el reparto de los recursos, esto no es nuevo pero vale recordarlo. Vale también recordar la importancia de la política, la creatividad y las decisiones personales en este tema.

Plantearlo así podría servir también para distinguir entre causas y medios, en ambos casos las causas están más arraigadas de lo que de principio podemos pensar, por tanto la ciencia, tecnología, el comercio, las escuelas o la organización política solo son medios que se han usado para satisfacer ciertos intereses, pero siempre es posible que sirvan para atender otros más nobles.

 

Isidro Alterrealista

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