La educación como herramienta social

Vivimos en una sociedad contraída, la violencia es solo una manifestación cruel de que el grueso de las personas ven hacia sus intereses, al interior de sus vidas, nada más importa. En un intento de alejarnos del reduccionismo tendríamos que decir que la dinámica económica es un factor que ha propiciado este individualismo extremo, pero no es el único. La expansión de bienes en el mercado, el aumento de las expectativas de consumo, incluso el aumento de escolarización en combinación con la presencia de racismo y clasismo son factores también importantes.

Transformar esta realidad es urgente, aunque las acciones que se deben emprender no son pocas. El paradigma neoliberal ha buscado resolver la falta de control a las ambiciones de la población pobre – y dar garantías para el aumento de la riqueza de las clases altas – mediante el uso de la fuerza hacia los delincuentes organizados, los migrantes indocumentados y todo lo que parezca ir al margen de la ley. Una versión moderada y posiblemente necesaria es abonar al restablecimiento del orden y fomentar la restitución del tejido social, entendido como el conjunto de relaciones entre los miembros de un grupo social que permiten la continuidad de la vida, los lazos que unen a las personas y les permiten convivir.

La gran pregunta es cómo hacer para reestablecer el tejido social en el mediano plazo, si apelamos a la economía o las redes de intercambio comercial esto puede tardar bastante pues la búsqueda de intereses personales por encima de los demás ya está instalada, eso hacen los comerciantes de cualquier producto, los profesionistas y obreros.

Si apelamos a la idea de comunidad – como lo ha hecho la educación pública desde hace un par de décadas al menos – no basta con mencionarla o tratar de instalar el concepto en la gente, ninguna suerte de propaganda puede ser tan eficaz para revertir los estragos éticos que ha vivido nuestro país en los últimos cuarenta años, debemos reconocer que estamos frente a un proceso de largo aliento que comenzó mucho antes de la lamentable guerra contra el narco iniciada por Calderón. Los valores que sustentan el tejido social se promueven mediante la experiencia, el tejido social se restituye en acto. En esto la educación tiene un papel importante que no ha sido puesto de relieve, narraré dos experiencias al respecto.

1. No es un secreto en la historia de este país que a principios del siglo pasado era una necesidad crear conciencia nacional, ayudar a que las personas de todos los lugares tuvieran conocimientos comunes y pudieran comprenderse, la solución fue ofrecer educación a lo largo y ancho del país mediante las misiones culturales. La eficacia de esta estrategia no se ha puesto en entre dicho, acaso se ha acusado sus consecuencias sobre las lenguas indígenas. Sin embargo, sigue siendo un antecedente importante para la educación, el espíritu de esta experiencia forma parte de los trabajos educativos del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE).

En esta institución, junto con un grupo de profesionistas, diseñamos y promovimos la implementación del modelo educativo de secundaria comunitaria (cerca de 2 900 escuelas en 29 estados de la república), entre 2011 y 2015. Entre otras características, este modelo promovía una visión integral de la realidad en la que los diferentes campos del conocimiento se entrelazaban para ayudar a que los estudiantes pudieran comprender su entorno. Pero sobre todo es importante destacar que promovimos dos cuestiones, el valor de la palabra de los estudiantes y su actitud de servicio. Es decir que los jóvenes participaban de manera activa en la definición de sus aprendizajes e incluso en la valoración de sus conocimientos; además lo que aprendían en la escuela tenía un momento de devolución a las comunidades.

Así fue como se promovió la reflexión sobre el medio ambiente, el conocimiento de técnicas para la recolección de agua de lluvia o de elaboración de fluor. También los estudiantes ofrecieron sesiones de lectura de cuentos, poesía, obras de teatro y otras actividades culturales, todas con sus productos aprendizaje. ¿Qué podría generar esto? La revaloración de la escuela como un espacio de desarrollo personal, más allá de las promesas de bienestar económico; el enriquecimiento – por magro que sea – de la dinámica cultural dentro de las comunidades; además del fortalecimiento de la identidad de los jóvenes.

2. En otra experiencia educativa, esta impulsada por los pueblos indígenas y afromexicano del estado de Guerrero, la Universidad de los Pueblos del Sur (UNISUR), aún sin reconocimiento oficial, promueve el tequio principalmente para el sostenimiento de las condiciones en sus instalaciones. Aunque de fondo lo que busca es que los jóvenes desarrollen actividades profesionales donde sus aprendizajes se pongan al servicio de las comunidades.

En esta experiencia pude observar cómo los jóvenes se apropiaban del espacio físico que contribuían a cuidar, pero más allá, de como también se apropiaban de esta idea central de la universidad, servir a sus comunidades, hacer algo para que las condiciones de vida mejoraran. Cabe aclarar que lo segundo solo se promovió en la universidad de manera discursiva, pero la práctica del tequio junto con los elementos culturales de los jóvenes permitió que con esta visión diferentes proyectos terminales hayan sido planteados, muchos de ellos se presentaron a las comunidades, varios se realizaron, lamentablemente la falta de apoyo de los gobiernos ha limitado la fortaleza de esta manera de educar por y para los pueblos.

Es necesario reconocer que esa actitud de servicio no fue un invento de la pedagogía, aunque haya grupos de trabajo que lo promueven, poner al servicio de los otros lo que uno sabe es algo enraizado en los pueblos originarios, pero en general es algo usual en las comunidades rurales.

A lo largo y ancho del país las poblaciones indígenas, afromexicanas o de campesinos sin auto adscripción étnica se han valido de esto para construir casas, escuelas, centros religiosos o caminos durante mucho tiempo. Lo hacen también para apoyarse en la producción, para las fiestas patronales, etc. Se acostumbra llamarle tequio o fajina, los pedagogos sofisticados le llamarán aprendizaje servicio, en el fondo es lo mismo.

En ambas experiencias se puede constatar el potencial de promover que los estudiantes ofrezcan a sus comunidades el fruto de su aprendizaje – por simbólico que este sea – permitiendo a ellos y a sus comunidades replantearse el sentido del aprendizaje, de las escuelas y promoviendo transformaciones en las dinámicas dentro de las mismas comunidades. Esto podría ser practicado en escuelas urbanas también, posiblemente con más reticencia, pero los antecedentes rurales de los pobladores citadinos – sobre todo de las periferias – la función de la familia ampliada que aún pervive en las prácticas cotidianas, pueden ser un soporte. En CONAFE la estrategia se valía de aprender algo y ofrecerlo, en UNISUR el proceso fue participar en el bien común dentro de las escuelas y esto aprendido se trasladó a las comunidades, ambos caminos son posibles en cualquier espacio pasando por un proceso en el que los actores externos a las escuelas se sensibilizan.

 La fragmentación social en la que aún vivimos y que parece no encontrar punto final merece la pena plantearse el papel inmediato de la educación en la recomposición del tejido social, experiencias de este tipo son muy relevantes para ello pues además, no son las únicas en el país.

Isidro Alterrealista

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