Abandonar la enseñanza

¿Alguien puede enseñar a otra persona a caminar?, ¿podemos enseñar a respirar o a pensar? Desde sus orígenes la pedagogía hace referencia al acompañamiento en el conocimiento del mundo. Sin embargo, parece que estamos abandonando la capacidad de conocer por nosotros mismos. La especialización de las disciplinas y la meritocracia son factores que sirven para que veamos la necesidad de que alguien nos enseñe, como si fuera imposible aprender por uno mismo. 

En la actualidad hay una cantidad importante de ofertas “educativas” sobre temas tan diversos que podrían poner nerviosa a una persona que viniera del siglo XV. Tenemos cursos disponibles sobre cocina, lectura, manejo de las emociones, organización del tiempo, etc. ¡Temas tan importantes que uno podría preguntarse por qué no se enseñaron de manera sistemática en las miles de generaciones que nos anteceden!, por qué incluso no forman parte de la educación formal. Más allá de las ironías, ¿por qué hemos llegado a pensar que necesitamos de alguien para aprender?, alguien especializado además. 

Hemos mencionado la especialización del conocimiento como un factor importante en la renuncia por el aprendizaje autónomo, cada tema dentro de una disciplina tiene una profundidad conceptual que requiere de mucho tiempo para ser comprendido a cabalidad, al menos hasta un punto de corte con cierta especialidad. Esto propicia que muchas veces nos sintamos con poca calificación para hablar de casi cualquier cosa, la producción y distribución de alimentos, por ejemplo, la aplicación de las leyes, la organización de un comercio o la elaboración de políticas públicas. Para todos estos casos es frecuente que se espere la opinión o el consejo de un experto, ¿es deseable? 

Una de las causas del distanciamiento entre la política y la ciudadanía que se dio en las últimas décadas tiene que ver con la aceptación de qué hay gente calificada para abordar ciertos temas, esto provoca no solo la descalificación de las opiniones de las personas poco versadas en los asuntos de interés general, propicia también la aceptación de la desigualdad en el ingreso justificada por el estatus que otorgaría el conocimiento especializado, mientras más especializado debería ser mejor pagado, la idea tiene cierta lógica, si alguien se ha esforzado mucho en aprender algo debería tener reconocimiento por ello. 

Sin embargo afirmaciones de este tipo ocultan al menos tres cosas: no todas las personas tienen las mismas oportunidades para tener una profesión y especializarse, hay factores de contexto que pocos pueden elegir e influyen de manera determinante en el reconocimiento social y la idea misma de éxito económico o profesional implica que muchos sean excluidos y pocos accedan a las mayores satisfacciones. Es falso que todas las personas pueden tener éxito profesional en una sociedad jerárquica. ¿Asumir que podemos aprender de manera autónoma tiene relación con la desigualdad? 

Podemos destacar algunas ventajas del aprendizaje autónomo, antes debemos aclarar que por sí solo no eliminaría la desigualdad social. Lo que sí puede propiciar es que las personas sean más respetuosas entre sí, conocer que las capacidades son las mismas para los humanos que habitamos este planeta es importante, cualquiera puede aprender sobre cualquier ámbito, por muy conceptual o físico que sea, lo que sucede es que hay varios factores que influyen en los intereses y actividades de las personas.  

Otro aspecto importante es que reconocer la capacidad de aprendizaje autónomo implica que podemos acompañar a otras personas en su aprendizaje, pues nadie tendría el monopolio de la verdad y la palabra. Esto, en un mediano plazo podría conformarse en una pedagogía social que permitiera tener relaciones más igualitarias y solidarias. 

En nuestro país la capacidad dialógica es de más de 30 mil homicidios en un año, tenemos altos niveles de violencia intrafamiliar y de pareja, parece que la democracia representativa solo se dirime a través del diálogo en el ámbito federal mientras que en lo municipal o estatal las pugnas pueden abandonar lo verbal, ¿será que favorecer la formación a través del diálogo y la solidaridad ayude a mitigar estos problemas?, ¿será que abandonar las jerarquías por una sociedad más igualitaria pueda aportar algo? 

Abandonar la idea de enseñanza en las escuelas – en la vida en general –, no solo contravendría el clasismo y la jerarquía, permitiría también reconocer la responsabilidad de los docentes sobre los logros educativos sin satanizarlos, comprender que hay más actores responsables de ello, como estudiantes, autoridades educativas, padres de familia y comunidad en general.  

Cobijarnos en el aprendizaje – que siempre será social – permitirá que estos actores encuentren un margen para involucrarse en el logro de aprendizajes. No está de más mencionar que es la actividad de aprendizaje uno de los fundamentos de las sociedades, más que el monopolio de la fuerza tal vez, por lo que una transformación de este tipo en la perspectiva pedagógica de este país abonaría en algo a la reconstitución del tejido social. En el siguiente texto podremos hablar de estrategias didácticas para ello. 

Isidro Alterrealista 

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