Lo vi venir

por la ventana la última mañana con sol

y no temí

antes que las nubes lavaran el otoño con su llanto

como dos niños que cayeron de rodillas

para vestir de rojo una tarde alegre marino

no tuve miedo

porque sus pisadas eran ligeras como las mañanas frente al mar

sus ojos tenían de profundo

lo que arrugas las manos de un adolescente

su voz anunciaba que el verano partiría

por los canales donde antes hubo río

y el aliento de las montañas nos bañaría

apretándonos los huesos como pinzas a las nueces

no tuve miedo porque lo vi como un anciano a sus recuerdos

con el nervio de no saber responder al saludo de un antiguo conocido

que perdió su nombre por el sendero de la memoria

porque su cola eriza y calva

igual de roída que mi añeja soberbia

se extendía bajo el sol

como un abuelo que cuenta historias al desayuno

para no recordar que la mediocridad le carcomió el senecto presente

o que el orgullo le descalcifica los huesos

mientras el apego lo consume como un cigarro matinal

¿por qué tendría miedo?

si vi un animal vestido con las huellas del tiempo

igual que nosotros

cicatrizado de alegrías

igual que nosotros

soñando la fuga del jardín de sus silencios

bajo la sombra de un árbol

mientras la nube nos pasa por encima

como la vida

cuando los pies no siguen a los sueños

Isidro Alterrealista



Categorías:Viajes insolentes

Etiquetas:,

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